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martes, 29 de abril de 2014

A paso lento pero seguro


A las cinco de la tarde, sobre el asfalto fresco, miles de venezolanos caminan flemáticos como si llevaran una cruz pesada en sus hombros, una cruz que la mayoría de los venezolanos sostiene pero a la vez ignora. Problemas como la inseguridad y la escasez de alimentos se han vuelto el pan de cada día. Pareciera que lidiar con estos problemas se ha vuelto una normalidad en la forma de vida del venezolano.
Los manifestantes insatisfechos no desisten y sopesan la carga de esa cruz. Deciden, una vez más, salir a las calles y apoyarse en la tradición religiosa de la Semana Santa para en rumbarse con devoción en un recorrido que titulan la Marcha de los pies descalzos. Donde miles de participantes desnudan sus extremidades para pagar promesa por su país y manifestar el sufrimiento que padece una Venezuela desgastada ante los problemas sociales y políticos.
Sin descanso, se trasladan por el pavimento sin asco, ondeando su bandera tricolor con orgullo y cantando consignas para mantener el júbilo de los participantes. Los pies de los manifestantes se convierten en lienzos andantes. Muchos pintan sus extremidades como pequeñas banderas tricolor o simplemente escriben en ellos mensajes de esperanza por su país.
La noche empieza a cubrir la ciudad de Caracas. Sin embargo, la hora no impide seguir animando a los espectadores: “¡Hermano, escucha, únete a la lucha!”.Pocos deciden despojarse de sus zapatos y buscan fusionarse en la muchedumbre.

La multitud tricolor llega finalmente a su destino. Para unos es otra misión cumplida, para otros es el comienzo de  un cambio en la “normalidad” de sus días donde más allá de despojarse de sus zapatos, han decidido despojarse de sus miedos y unirse a la lucha.







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